Soy un niño verde y cambié de sueño. Antes aspiraba a ensillar una vaca para correrla en las selectas carreras de los impopulares caballos sin fuerza. Ahora sueño con comprarme un auto hibrido y vivir en una casa de árbol. Todo comenzó cuando terminé de ver el documental “An inconvenient truth”. Antes de que Al Gore lo produjera, mi papa me regañaba por tener luces prendidas innecesariamente. Decía que gastaba mucha luz. A mi me enojaba la amonestación, las apagaba y las volvía a encender cuando lo perdía de vista. Ahora soy yo quien amonesto a mi familia. No tan solo por las luces sino por los cargadores de celular, la pantalla de la computadora, televisión, abanicos, nevera, secadora y todo lo que consuma corriente negra (eléctrica). La bauticé con ese cromático epíteto ya que asocio el negro con muerte. Y creo firmemente que si no hacemos algo respecto a la corriente negra (esto incluyéndole toda emisión de gases
invernaderos) estamos planificando nuestro propio funeral. Ejemplo de mi lucha contra la corriente con gases negros seria la siguiente situación: Mi hermana está planchando (no ropa sino su pelo) le grito: “Desconecta’ nena que matas al planeta”. Pero no es el planeta el que esta en peligro sino es nuestra habilidad para sobrevivir en él la que se encuentra amenazada. El planeta es sabio y tiene sus propios mecanismos de autorregulación. El problema raya cuando nosotros lo irritamos demasiado con nuestro progreso tecnológico y sobrepoblación sin darle tiempo a que ella se normalice.Soy un niño verde y cuando madure deseo es ser un viejo verde, viviendo en una casa de árbol y guiando no un carro hibrido sino una vaca ensillada. Sé verde tú también y comparte mi sueño así como yo combine los míos.
