viernes, 4 de julio de 2008

Cúpulas



Cúpulas: tres historias de gris

Cúpula I

Todo comenzó con una comparación de mi primer celular prepagado por parte de mi madre no carnal. Le puso ese sobrenombre cimborrio por su grisácea estructura gruesa de semi-esfera. Gracias a sus minutos limitados pude conectar con personas nuevas y fortalecer vínculos con las ya conocidas. Me sirvió eficazmente con su servicio de mensajería de texto que igualaba a 1.4 minutos. Esto obligaba a que la recarga monetaria siempre terminara en decimales. Su anticuada tecnología fue motivo de burlas hacia ella misma y chistes por parte mía. Era buen tema de conversación. Supongo que algunos seres sirven de transición hacia algo mejor. Me llevó a ser mas funcional pero no alcancé con ella el bienestar que siento con…


Cúpula II diente azul

Es mi actual aparato móvil. Me llenan sus características de diente azul (bluetooth), cámara video-fotográfica, altavoz (speaker), grabadora de voz y reproductor de media. No ignoro que ella pudiera ser mucho más pero por ahora no quisiera nada menos. Sus cualidades me conforman de manera simple y avanzada. Cuándo necesito silencio ella me vibra. Si tengo que despertar, ella me grita al ritmo de cualquier canción mp3 que desee. A veces la gente intenta de comunicarse conmigo a través de ella y puedo ver la imagen de dicha persona. Esa capacidad puede ser tan alentadora como o aterradora pero me agrada que exista. El lugar preferido de Cúpula II para descansar con su diente azul es dentro de…


Cúpula Tercera de Sol Fuego (Súper Cúpula)

Muchos pensarían que ella es mi más valiosa posesión. Quizás yo también piense lo mismo, pero me rehúso a creerlo. Trato de convencerme que lo más importante de mí yace en mi interior. Al igual que sus tocayas antecesoras ella me comunica. Pero lo hace de una manera amplificada y más nociva al ambiente. Me comunica al transportarme. En su corazón corre sangre de oro negro que la mueve conmigo adentro mientras los demás lo hacen afuera con el toxico que ella expela. A veces me vibra cuando estamos en estática. Y es esa convulsión la que incita en mí el temor de su posible perdida. No me agrada sentir tal dependencia. Además sé que nuestra relación es perjudicial para todo lo que nos rodea. Sin embargo eso no evita que la ame más con cada kilómetro que recorremos. Supongo que el deseo acelera la atracción hasta llegar a su colisión inevitable. Hasta entonces llegaré hasta donde ella me lleve.