A simple vista parece una pregunta estúpida con respuesta clara. Pero mucho de lo que aparenta tener superficie limitada, esconde cierta profundidad dentro de su linde. Oculta una reflexión que en este país cala tan hondo como lo hace el caramelo en un “Snicker”. Hace unos días una gran parte de la población de Puerto Rico se aventuró a las tiendas para intercambiar dinero por artículos completamente prescindibles como dulces, peluches o bombas. Si los mismos se podían conseguir en forma de lo que piensan que es el corazón…pues mucho mejor para ellos. Pero cualquiera que
haya visto “Discovery Channel, ER o Grey’s Anatomy” sabe que ese órgano vital se asemeja mas a una mano cerrada o a la cara de Mickey Mouse que a dos bastones unidos de forma sinuosa. O sea…si en realidad hubieran querido tocar a alguien con algo parecido al corazón, ¿por qué no fueron mas precisos y cerraron su puño embarrado en Ketchup para restregárselo al afortunado y agasajado receptor? ¿O porque no lo llevaron a Disney para que le cogiera el guante a los múltiples ratones gigantes que habitan allí?
La gente me irrita en el Día de San Valentín. No porque esté en contra de dedicar un día para celebrar la variedad del amor. Sino porque me opongo a que se simplifique a una mera pretensión cagada de churra chocolateada de consumismo comercial. Como sociedad abstraemos el amor a lo material. Mientras más adornado y sofisticado, más valor se le adjudica. Si amas a una persona y te ves obligado un 14 de febrero a obsequiarle una sola cosa, es más aceptable regalarle chocolates, joyería o hasta un carro del año que obsequiar un poema, una promesa o un autentico y caluroso abrazo. El amor es algo intangible sin embargo nos empeñamos en medirlo sobre concreto. Quizás por que en esta democracia vales por lo que posees fuera de tu cuerpo y no por lo que tienes dentro. Esto nos hace esclavo de tales posesiones externas al punto que nos desvivimos por conseguirlas. Muchas veces ese proceso por alcanzar el objeto de valor termina en fracaso y frustración que llevan a la muerte del alma o el suicidio del cuerpo. En cualquiera de las alternativas… mueres. Así el amor se convierte en algo de vida o muerte. Vives en su ausencia tratando de buscarlo. Y falleces en el intento o el hallazgo. Y eso no suena tan mal… “el morir por amor”. Pero ahora se muere por un concepto de amor muy diferente del que murió Romeo por Julieta o Jesucristo por el mundo. Muchas personas se deprimen si llega el Día de San Valentín y no tienen pareja. Ahogándose en la ignorancia de no conocer que el amor no solo se manifiesta en un romanticismo dual. ¿Que hay del amor filial, maternal, paternal, el amor al prójimo, a la naturaleza, al arte…a uno mismo? Este último es el más inusual en estos días. Y su ausencia tal vez sea la causante de esta tendencia a restarle al amor su complejidad. ¿Cómo se revierte el daño que ha causado la equivocada noción del amor? ¿Cómo se sana el pesado dolor que aumenta con cada segundo que pasa manteniendo esa errónea idea de amar y ser amado? ¿Cómo se remienda el grave error conceptual que se comete cuando se define ese poderoso sentimiento? Fácil…validándolo por lo que en verdad es. Algo tan infinito e inexplicable que jamás cabría en una caja de chocolate, en una bomba de helio o en el baúl de un carro. Algo que se ve reflejado no en una sortija de diamante sino en un acto sacrificado de pura y desinteresada bondad. Así siempre ha sido y probablemente así será. Y mientras más rápido la gente lo entienda menos tiempo perderán comprando quimeras que dan diarrea y viviendo fantasías que envenenan. Para así vivir en completa armonía. Vivir con verdadero amor.
Yo aun estoy comprendiendo esto poco a poco. Por eso no me acongoje el jueves pasado por no tener pareja o no ser amado como quisiera por los que me rodean. Por eso no tuve que ir a Walgreen’s a gastar dinero que no tengo. Además (como ya es costumbre cada año) por eso me comí todos los chocolates que trajeron mis hermanos menores de sus actividades colegiales. Por eso pienso regalar pal’ afrente el peluche que me dio mi mamá. Porque el amor es una cadena y no se puede romper. Por eso tengo que terminar con este mensaje porque que antes de empezar a escribir me devoré la última bolsa de Hershey’s quedaba en nevera y tengo que ir al baño a bajar la cadena para que el mojón, perdón, el amor, siga fluyendo y nunca pare. Nunca pare…
La gente me irrita en el Día de San Valentín. No porque esté en contra de dedicar un día para celebrar la variedad del amor. Sino porque me opongo a que se simplifique a una mera pretensión cagada de churra chocolateada de consumismo comercial. Como sociedad abstraemos el amor a lo material. Mientras más adornado y sofisticado, más valor se le adjudica. Si amas a una persona y te ves obligado un 14 de febrero a obsequiarle una sola cosa, es más aceptable regalarle chocolates, joyería o hasta un carro del año que obsequiar un poema, una promesa o un autentico y caluroso abrazo. El amor es algo intangible sin embargo nos empeñamos en medirlo sobre concreto. Quizás por que en esta democracia vales por lo que posees fuera de tu cuerpo y no por lo que tienes dentro. Esto nos hace esclavo de tales posesiones externas al punto que nos desvivimos por conseguirlas. Muchas veces ese proceso por alcanzar el objeto de valor termina en fracaso y frustración que llevan a la muerte del alma o el suicidio del cuerpo. En cualquiera de las alternativas… mueres. Así el amor se convierte en algo de vida o muerte. Vives en su ausencia tratando de buscarlo. Y falleces en el intento o el hallazgo. Y eso no suena tan mal… “el morir por amor”. Pero ahora se muere por un concepto de amor muy diferente del que murió Romeo por Julieta o Jesucristo por el mundo. Muchas personas se deprimen si llega el Día de San Valentín y no tienen pareja. Ahogándose en la ignorancia de no conocer que el amor no solo se manifiesta en un romanticismo dual. ¿Que hay del amor filial, maternal, paternal, el amor al prójimo, a la naturaleza, al arte…a uno mismo? Este último es el más inusual en estos días. Y su ausencia tal vez sea la causante de esta tendencia a restarle al amor su complejidad. ¿Cómo se revierte el daño que ha causado la equivocada noción del amor? ¿Cómo se sana el pesado dolor que aumenta con cada segundo que pasa manteniendo esa errónea idea de amar y ser amado? ¿Cómo se remienda el grave error conceptual que se comete cuando se define ese poderoso sentimiento? Fácil…validándolo por lo que en verdad es. Algo tan infinito e inexplicable que jamás cabría en una caja de chocolate, en una bomba de helio o en el baúl de un carro. Algo que se ve reflejado no en una sortija de diamante sino en un acto sacrificado de pura y desinteresada bondad. Así siempre ha sido y probablemente así será. Y mientras más rápido la gente lo entienda menos tiempo perderán comprando quimeras que dan diarrea y viviendo fantasías que envenenan. Para así vivir en completa armonía. Vivir con verdadero amor.
Yo aun estoy comprendiendo esto poco a poco. Por eso no me acongoje el jueves pasado por no tener pareja o no ser amado como quisiera por los que me rodean. Por eso no tuve que ir a Walgreen’s a gastar dinero que no tengo. Además (como ya es costumbre cada año) por eso me comí todos los chocolates que trajeron mis hermanos menores de sus actividades colegiales. Por eso pienso regalar pal’ afrente el peluche que me dio mi mamá. Porque el amor es una cadena y no se puede romper. Por eso tengo que terminar con este mensaje porque que antes de empezar a escribir me devoré la última bolsa de Hershey’s quedaba en nevera y tengo que ir al baño a bajar la cadena para que el mojón, perdón, el amor, siga fluyendo y nunca pare. Nunca pare…

No hay comentarios:
Publicar un comentario