ALOPECIA
“El alma no entiende metáforas. Sus deseos son ataduras que no conocen principios o moral. Es energía efusiva que fluye más rápido que el viento. Y no conoce un final.”
El Profesor calla. Esto significaba que la clase terminaba. No había timbre o campana. Solo silencio. La ausencia de palabras daba la buena noticia: “Ya podías levantar tu enterrado cuerpo de aquel estático pupitre, e irte.” Irte a un lugar más cálido. Un sitio con menos restricciones y más libertad. Todos los estudiantes abandonan sus puestos. Yo, y el profesor nos escrutamos sin rodeos. El profesor quiere que me quede. Pero yo con él no tengo asuntos pendientes.
Me deslizo como ráfaga a mirar aquel tímido estudiante que se fué.
Él me atraía, pero aun no era tiempo de conocernos. Debo esperar. Aguardar con fe que él me llame. Que me necesite. Que clame, implore y evoque mi nombre. Su nombre, es Héctor. Y él tiene un secreto. Él me guarda con recato y recelo. No expresa lo que realmente quiere. Piensa que no debe. Cree que las cosas son de la forma en que la mayoría de la gente piensa. Pretende. Miente con cada acto y palabra. Siente una fuerza indecente. Sabe que si la sigue, será rechazado. Excluido. Apartado y expulsado de la vida que tanto detesta y los otros adoran. Es infecciosamente largo el tiempo que la ignorancia le da a la mentira. Yo soy la verdad. Y ella siempre duele. La mentira solo atrasa ese dolor.
Lo que Héctor lleva por dentro me excita. Es una fuerza inquebrante, tan fuerte como detestable. Esa fuerza ha tomado forma de otro muchacho. Toda la represión y aguante de lo que Héctor quiere se ha tornado en obsesión. Esa pasión se llama Manuel. Él no es tan varonil como Héctor. Pero lo que carece en virilidad lo tiene en autenticidad. No hay nadie más fiel a mí que Manuel. Aunque es más leal a si mismo, él me sigue a todas partes. Cuando no puedo ir, me lleva consigo a dondequiera. Toda necesidad humana puede ser satisfecha, frustrada o compensada. Manuel nunca compensa, ni se siente frustrado. Lo que quiere, lo obtiene. Si no lo quiere es porque no lo conoce. Si me pudiera enamorar, lo estaría de Manuel. Pero yo no puedo... Héctor, sí.
- ¿Que hora es? Le pregunta Manuel a Héctor.
- Las 12:15. Contesta Héctor con timidez.
- Tienes algo aquí. Le dice Manuel a Héctor mientras tocaba su cara.
No podía creer lo que Manuel hacía. Él, con mano diestra y valiéndose de su dedo pulgar, atrapa una pestaña que Héctor albergaba en su cachete. Luego la presionó con el pulgar de Héctor. “Que vergüenza, pero que placer era su tacto.” Eso fue lo que pasó por la mente de Héctor al Manuel decirle:
- Pide un deseo...
- ¿Qué?
- Je je. Anda pide un deseo...
- ¿Por qué?
- ¿Nunca te enseñaron el protocolo a seguir cuando se te cae una pestaña?
- No. Contesta Héctor.
- Pues a mí me lo explicó mi madre, que en paz descanse. Dijo mintiendo Manuel. Ella solía decir que si los ojos son la ventana del alma pues, las pestañas, son sus cortinas. Que cuando una se caía, se desprendía un poco de belleza de tu alma. Que para remendar la pérdida, se te concedía un deseo. Tu decidías si pedir ese adorno de tu esencia que ya no tienes, o, algo diferente. Algún capricho con más importancia que querer un alma bella. Y como tu antojo, nunca será mejor que lo que sacrificabas por ello, pues...es probable que se te conceda. Anda, ahora pide el deseo, que en el pulgar donde se pegue la pestaña, ahí se quedará lo que va cumplirse. Y a mí, se me acaba de antojar algo.
Al Manuel decir eso y unir pulgares con Héctor...los dos, cerraron los ojos. Les parecía increíble que a través de la piel se transmitiera aquel calor refrescante que cada uno sentía. Era placentero y adictivo. No querían distanciar los dedos. Llevaban más de un minuto unidos en calor con la excusa de que trataban de descifrar que pedir. Dos personas con juicio lógico hubieran pedido el recuperar esa franja de cortina que se cayó y tan bonita hacía el alma.
Pero el amor es un malentendido entre dos tontos. Es la fuerza que hace ilógico lo mas lógico. En él, es donde una paradoja toma sentido: la que lo define como aquello que para obtenerlo, hay que pederlo. Y para sorpresa de estos 2 tontos unidos por pulgar, lo único que obtuvieron fue una pestaña cada uno. Quizá la cortina del alma de Héctor se partió en partes iguales o simplemente perdió dos franjas, y Manuel la confundió con una. No sé. No me fijé bien cuando pasó. Lo único que importa es que yo y Manuel al fin conocimos a Héctor. Y a través de ellos yo existo. Ellos me llamaron y por eso estoy aquí... “narrando”.Hablando baba como el profesor. Ya pasó un día y ni cuenta me di. Estoy en clase y oigo al profesor decir:
“Las metáforas son una identificación comparativa. Trasladamos la definición de una palabra por otra gracias a la semejanza existente entre sus significados. Por ejemplo han oído la nueva canción de la banda española la Quinta Estación, ella canta sobre morirse, pero no se refiere a abandonar la vida, sino a desvivirse de su persona por suspirar al lado de otra...”
Mientras el profesor se sumergía en su analógica verborrea, Héctor recordaba el encuentro que tanto lo trastocó el día anterior. No puede evitar el pensar en su ayer, en el dedo de Manuel, en su atractivo caminar lleno se convicción y seguridad. La clase del profesor no ayudaba a distanciar su atención sobre su nueva obsesión. Lo que pidió al tener su pestaña pegada a su pulgar, está íntimamente ligado al nuevo sencillo en promoción de la 5ta Estación. Su mente se va a soñar mientras su cuerpo despierto tatarea:
“Me muero por besarte
Dormirme en tu boca
Me muero por decirte
Que el mundo se equivoca...”
La confusión es el producto de obtener lo que se quiere. Lo que parece una necesidad es un efímero capricho y esos caprichos nos encadenan con más. Pronto te encuentras atrapado, consumido por tu propio nudo al punto que ya no puedes soltarte. Es ahí cuando entro. Es en ese punto cuando aparezco hasta en los sueños. En los espejos, en los respiros, en toda mirada y lugar. Soy yo lo que mantiene vivos o muertos a los humanos. Es por eso que nunca pueden dejar de desear...de narrar...de hablar de lo que les pasa. ¿Que pasa si las cosa no se hablan? Pues pasa lo que le sucedió a “Blanca”.
Era una tarde de sol nublado cuando Blanca se vistió de negro en la oscuridad. Prendida de su presente infernal, ella sufre...llora. Enciende la luz y niega su reflejo. No quiere verlo. Rompe el cristal. Abre su brazo, pero no tiene voluntad para cortarlo. Toca su pelo caído en el suelo. Su hermosa y larga cabellera es ahora un simple recuerdo. Una borrosa imagen en una foto sin revelar. Vuelve a llorar...gime, grita y vuelve y llora. Esta rutina repetirá hasta que él llegue. Entonces se secará las lágrimas y actuará como si las alergias de temporadas le irritaran la mirada. “Es mejor así”, piensa ella, “mejor una mentira que sonría, a una verdad que entristezca.” Pero es tarde y él no ha llegado. No se percata que es ella quien tiene que buscarlo, así que engañándose, se permite tener su alergia de mayo.
¿O es abril? No sé. No me preguntes en que mes estoy, estamos o estaba. El Tiempo y yo no nos llevamos. No me interesa Su compañía. ¿Par que reconocer algo que nunca acaba pero tampoco existe? Mejor ignorarlo. Así como Héctor pasó por alto ese último escalón y se cayó. Manuel lo vio y le dice:
- ¿Te caíste?
- ... Héctor respondió con su mirada.
- Bueno, no te sientas mal. Todo en esta vida esta destinado a caerse tarde o temprano. Todo tiene su fecha de expiración... hasta la vida.
- Entonces...de que vale levantarse si todo al final se cae.
- No lo sé. Contestó Manuel mientras ayudaba a Héctor a levantarse.
- Te llamas Héctor, ¿no?
- Si...me sorprende que recuerdes.
- Normalmente soy olvidadizo, pero mi memoria funciona de maravillas cuando la impactan. ¿Esperas a alguien?
- Si...
- Yo no. Yo espero algo...
- ¿Algo como qué?
- Algo interesante e inesperado que pedí ayer.
- ¿No me puedes decir qué es ese algo?
- No estoy seguro.
- ¿Cuándo lo estarás?
- Cuando pase.
- ..., lamento lo de tu madre...dice Héctor con tono condescendiente.
- ¿Qué pasó con mi mama? Contesta Manuel confundido con la pregunta.
- ¿No comentases la primera vez que hablamos que estaba muerta? Bueno, no eso, sino dijiste algo como “que descanse en paz” o algo así.
- ¡Ah!...Si...
- Lo siento, no quise decir la palabra “muerta”...Perdón... ¿Fue fuerte?
- Bueno... que muerte es fácil. Esto me recuerda algo que ella me solía decir cuando yo no me esforzaba lo suficiente en algo. Me decía: “estas mas débil que la vida misma.”... Así que supongo que no hay nada más fuerte en la vida que la muerte. Y sí, fue difícil. A nadie le gusta ver sufrir a alguien que quiere.
- Cierto. Yo me puedo identificar con eso. Mami esta bien enferma.
- ¿Qué tiene?
- Tiene enfermedad renal terminal y cáncer. El tumor en la mama esta muriendo con la químio y radioterapia, pero los riñones no la ayudan. El Doctor dice que no funcionan. Ninguno de los dos. Estamos como tú, esperando...
- ¿Un transplante?
- Si.
- ¿Y tú no puedes hacer nada para acortar la espera?
- No... no soy compatible.
- Pero eres su hijo...
- Y ella mi madre, solo que no me creo, sino que hizo lo que realmente importa: me crió. Mi sangre es “O+” cuando la de ella es “0-”. Su tipo de sangre es clasificada como la “donante universal”, ya que le sirve a personas con los demás tipos sanguíneos, sin embargo ella solo puede recibir de otro “O-”. Que irónico nombre y que injusta la diferencia que puede hacer un signo con su opuesto, un negativo de un positivo...
- O un amor con su indiferencia...Al terminar de decir esto Manuel se acerco a Héctor. Lo miró y levemente lo besó.
Fue en ese momento cuando cumplí el deseo de Manuel. Fue un beso calido, mojado y bueno. En el poco tiempo que sus labios se unieron sintieron la misma sensación que experimentaron sus pulgares el día anterior. Algo estimulador y vicioso pero a la vez rápido y sutil. Era un torbellino de sensaciones nuevas para ambos. Manuel tenía vasta experiencia besando. Él creía haber conocido todas las maneras y tipos de beso hasta que se topó con la sorpresa de Héctor. Recibía tanto amor y desesperación de sus besos. Cada caricia nueva, era pura y llena de sentimiento.
Ese contacto de sus labios fue el preludio para una relación apasionada. Llena de mimos y carcajadas. Manuel hacía sus chistes sin gracia y Héctor se reía. Héctor hablaba con ignorancia y Manuel metafóricamente se meaba...de la risa. Pero eso no era suficiente para Manuel. Él cargaba un gran vacío adentro. Lo ocultaba tan bien que ni yo lo podía ver. Ese abismo era tan intrínseco a su esencia que lo obligaba a sucumbir a los más irrelevantes caprichos. Su lujuria era el canal de escape para llenar el bache emocional que lo abatía. Por eso se dejo tentar por manos y labios que no eran los de Héctor y él no resistió el engaño y se alejo de Manuel.
Era mucho para Héctor, no es sencillo aguantar la infidelidad de su amante y el romance de la muerte con su madre. Héctor lo quería, quizás hasta lo amaba, pero la tragedia que rodeaba a su madre no le dejaba tiempo para que la lujuria de Manuel descansara en él. En esos brazos de Héctor que eran el único refugio de Manuel para protegerse de su propia autodestrucción. Aquellos besos de Héctor que para Manuel era la salvación de toda la perdición que lo perseguía.
Y Manuel estuvo allí, en el hospital apoyando a Héctor a soportar la inminente muerte de su madre. Pero eso le recordaba el sufrimiento que la suya le brindaba sin estar viva en él. Si es infecciosamente largo el tiempo que la ignorancia le da a la mentira, más extenuante es el espacio que un mal recuerdo le regala al sufrimiento del cuerpo. Lo deja cansado, sin fuerzas, hasta que lo engaña y hace que la mente piense que esta muerto. Pero lo extraño es que aun respira. Aun el aire acomete contra las vías respiratorias de Manuel y Blanca. Despiertan sus células a una realidad imposible de tolerar. No es fácil vivir como ellos. Lo único seguro en esta débil vida es la fuerte muerte. Y cuando la anhelas y no llega hay que obligarla a venir.
Por eso Manuel decidió beberse toda esa botella de ron junto al frasco lleno de pastillas antidepresivas que había robado de la casa de Héctor, donde su madre Blanca las escondía en el botiquín detrás del espejo roto del baño. Por eso también Blanca intentó suicidarse buscando las mismas pastillas que Manuel se había robado. Y allí en aquel hospital trataban de resucitar el cuerpo inerte de Manuel mientras que unos pisos mas arriba, Blanca entraba en coma por frustración, inundando a Héctor en su mayor grado de desesperación. Dos cuerpos que antes respiraban muertos... ahora pueden descansar.
- Hora de muerte 12:15. Dice el Doctor.
- Doctor, en la licencia de conducir del paciente estaba la autorización para donar todos sus órganos. Y su tipo de sangre es O- Dijo la enfermera al Doctor.
- ¡Pues que espera! Prepare quirófano que hay una señora arriba que le urge un transplante de riñón.
En un cementerio no muy lejano del hospital un epitafio lee: "Así decía el hierro al imán: te odio porque me atraes sin que poseas fuerza suficiente para unirme a ti." Eso lo dijo Nietzsche y mi interpretación es que el hierro es la vida y el imán la muerte. Blanca obtuvo el riñón de Manuel sin que lo supiera Héctor...sin que lo supiera el propio Manuel.
Al su madre vencer el cáncer y pasar el periodo de posible rechazo de transplante, quiso saber la proveniencia del regalo que le salvó la vida. Al ella enterarse y decírselo a su hijo, fueron los dos a visitar la solitaria y reciente tumba de Manuel en el cementerio. Ahogados en lágrimas Héctor le dijo a su madre:
- Sabes... el pretexto que utilizó Manuel para conocerme, fue pedirme la hora y hacerme un cuento chino sobre una pestaña mía que se había caído. La agarró en su pulgar y presionándolo con el mío dijo que pidiera un deseo. Dijo que se le cumpliría a aquel que terminara con la pestaña en su dedo.
- ¿Quien se quedo con tu pestaña?
- Los dos.
- ¿Cual fue su deseo?
- No se.
- ¿Y el tuyo?
- ...(llorando y besándolo a través de la lápida)...Que se muriera por mi.
No me siento culpable de mis actos. Después de todo:
“Yo no entiendo de metáforas. No conozco principios o moral. Soy energía efusiva que fluye más rápido que el viento. Y no conozco final.”
Por: Un pedazo caído del alma de Héctor llamado Deseo.
“El alma no entiende metáforas. Sus deseos son ataduras que no conocen principios o moral. Es energía efusiva que fluye más rápido que el viento. Y no conoce un final.”
El Profesor calla. Esto significaba que la clase terminaba. No había timbre o campana. Solo silencio. La ausencia de palabras daba la buena noticia: “Ya podías levantar tu enterrado cuerpo de aquel estático pupitre, e irte.” Irte a un lugar más cálido. Un sitio con menos restricciones y más libertad. Todos los estudiantes abandonan sus puestos. Yo, y el profesor nos escrutamos sin rodeos. El profesor quiere que me quede. Pero yo con él no tengo asuntos pendientes.
Me deslizo como ráfaga a mirar aquel tímido estudiante que se fué.
Él me atraía, pero aun no era tiempo de conocernos. Debo esperar. Aguardar con fe que él me llame. Que me necesite. Que clame, implore y evoque mi nombre. Su nombre, es Héctor. Y él tiene un secreto. Él me guarda con recato y recelo. No expresa lo que realmente quiere. Piensa que no debe. Cree que las cosas son de la forma en que la mayoría de la gente piensa. Pretende. Miente con cada acto y palabra. Siente una fuerza indecente. Sabe que si la sigue, será rechazado. Excluido. Apartado y expulsado de la vida que tanto detesta y los otros adoran. Es infecciosamente largo el tiempo que la ignorancia le da a la mentira. Yo soy la verdad. Y ella siempre duele. La mentira solo atrasa ese dolor.
Lo que Héctor lleva por dentro me excita. Es una fuerza inquebrante, tan fuerte como detestable. Esa fuerza ha tomado forma de otro muchacho. Toda la represión y aguante de lo que Héctor quiere se ha tornado en obsesión. Esa pasión se llama Manuel. Él no es tan varonil como Héctor. Pero lo que carece en virilidad lo tiene en autenticidad. No hay nadie más fiel a mí que Manuel. Aunque es más leal a si mismo, él me sigue a todas partes. Cuando no puedo ir, me lleva consigo a dondequiera. Toda necesidad humana puede ser satisfecha, frustrada o compensada. Manuel nunca compensa, ni se siente frustrado. Lo que quiere, lo obtiene. Si no lo quiere es porque no lo conoce. Si me pudiera enamorar, lo estaría de Manuel. Pero yo no puedo... Héctor, sí.
- ¿Que hora es? Le pregunta Manuel a Héctor.
- Las 12:15. Contesta Héctor con timidez.
- Tienes algo aquí. Le dice Manuel a Héctor mientras tocaba su cara.
No podía creer lo que Manuel hacía. Él, con mano diestra y valiéndose de su dedo pulgar, atrapa una pestaña que Héctor albergaba en su cachete. Luego la presionó con el pulgar de Héctor. “Que vergüenza, pero que placer era su tacto.” Eso fue lo que pasó por la mente de Héctor al Manuel decirle:
- Pide un deseo...
- ¿Qué?
- Je je. Anda pide un deseo...
- ¿Por qué?
- ¿Nunca te enseñaron el protocolo a seguir cuando se te cae una pestaña?
- No. Contesta Héctor.
- Pues a mí me lo explicó mi madre, que en paz descanse. Dijo mintiendo Manuel. Ella solía decir que si los ojos son la ventana del alma pues, las pestañas, son sus cortinas. Que cuando una se caía, se desprendía un poco de belleza de tu alma. Que para remendar la pérdida, se te concedía un deseo. Tu decidías si pedir ese adorno de tu esencia que ya no tienes, o, algo diferente. Algún capricho con más importancia que querer un alma bella. Y como tu antojo, nunca será mejor que lo que sacrificabas por ello, pues...es probable que se te conceda. Anda, ahora pide el deseo, que en el pulgar donde se pegue la pestaña, ahí se quedará lo que va cumplirse. Y a mí, se me acaba de antojar algo.
Al Manuel decir eso y unir pulgares con Héctor...los dos, cerraron los ojos. Les parecía increíble que a través de la piel se transmitiera aquel calor refrescante que cada uno sentía. Era placentero y adictivo. No querían distanciar los dedos. Llevaban más de un minuto unidos en calor con la excusa de que trataban de descifrar que pedir. Dos personas con juicio lógico hubieran pedido el recuperar esa franja de cortina que se cayó y tan bonita hacía el alma.
Pero el amor es un malentendido entre dos tontos. Es la fuerza que hace ilógico lo mas lógico. En él, es donde una paradoja toma sentido: la que lo define como aquello que para obtenerlo, hay que pederlo. Y para sorpresa de estos 2 tontos unidos por pulgar, lo único que obtuvieron fue una pestaña cada uno. Quizá la cortina del alma de Héctor se partió en partes iguales o simplemente perdió dos franjas, y Manuel la confundió con una. No sé. No me fijé bien cuando pasó. Lo único que importa es que yo y Manuel al fin conocimos a Héctor. Y a través de ellos yo existo. Ellos me llamaron y por eso estoy aquí... “narrando”.Hablando baba como el profesor. Ya pasó un día y ni cuenta me di. Estoy en clase y oigo al profesor decir:
“Las metáforas son una identificación comparativa. Trasladamos la definición de una palabra por otra gracias a la semejanza existente entre sus significados. Por ejemplo han oído la nueva canción de la banda española la Quinta Estación, ella canta sobre morirse, pero no se refiere a abandonar la vida, sino a desvivirse de su persona por suspirar al lado de otra...”
Mientras el profesor se sumergía en su analógica verborrea, Héctor recordaba el encuentro que tanto lo trastocó el día anterior. No puede evitar el pensar en su ayer, en el dedo de Manuel, en su atractivo caminar lleno se convicción y seguridad. La clase del profesor no ayudaba a distanciar su atención sobre su nueva obsesión. Lo que pidió al tener su pestaña pegada a su pulgar, está íntimamente ligado al nuevo sencillo en promoción de la 5ta Estación. Su mente se va a soñar mientras su cuerpo despierto tatarea:
“Me muero por besarte
Dormirme en tu boca
Me muero por decirte
Que el mundo se equivoca...”
La confusión es el producto de obtener lo que se quiere. Lo que parece una necesidad es un efímero capricho y esos caprichos nos encadenan con más. Pronto te encuentras atrapado, consumido por tu propio nudo al punto que ya no puedes soltarte. Es ahí cuando entro. Es en ese punto cuando aparezco hasta en los sueños. En los espejos, en los respiros, en toda mirada y lugar. Soy yo lo que mantiene vivos o muertos a los humanos. Es por eso que nunca pueden dejar de desear...de narrar...de hablar de lo que les pasa. ¿Que pasa si las cosa no se hablan? Pues pasa lo que le sucedió a “Blanca”.
Era una tarde de sol nublado cuando Blanca se vistió de negro en la oscuridad. Prendida de su presente infernal, ella sufre...llora. Enciende la luz y niega su reflejo. No quiere verlo. Rompe el cristal. Abre su brazo, pero no tiene voluntad para cortarlo. Toca su pelo caído en el suelo. Su hermosa y larga cabellera es ahora un simple recuerdo. Una borrosa imagen en una foto sin revelar. Vuelve a llorar...gime, grita y vuelve y llora. Esta rutina repetirá hasta que él llegue. Entonces se secará las lágrimas y actuará como si las alergias de temporadas le irritaran la mirada. “Es mejor así”, piensa ella, “mejor una mentira que sonría, a una verdad que entristezca.” Pero es tarde y él no ha llegado. No se percata que es ella quien tiene que buscarlo, así que engañándose, se permite tener su alergia de mayo.
¿O es abril? No sé. No me preguntes en que mes estoy, estamos o estaba. El Tiempo y yo no nos llevamos. No me interesa Su compañía. ¿Par que reconocer algo que nunca acaba pero tampoco existe? Mejor ignorarlo. Así como Héctor pasó por alto ese último escalón y se cayó. Manuel lo vio y le dice:
- ¿Te caíste?
- ... Héctor respondió con su mirada.
- Bueno, no te sientas mal. Todo en esta vida esta destinado a caerse tarde o temprano. Todo tiene su fecha de expiración... hasta la vida.
- Entonces...de que vale levantarse si todo al final se cae.
- No lo sé. Contestó Manuel mientras ayudaba a Héctor a levantarse.
- Te llamas Héctor, ¿no?
- Si...me sorprende que recuerdes.
- Normalmente soy olvidadizo, pero mi memoria funciona de maravillas cuando la impactan. ¿Esperas a alguien?
- Si...
- Yo no. Yo espero algo...
- ¿Algo como qué?
- Algo interesante e inesperado que pedí ayer.
- ¿No me puedes decir qué es ese algo?
- No estoy seguro.
- ¿Cuándo lo estarás?
- Cuando pase.
- ..., lamento lo de tu madre...dice Héctor con tono condescendiente.
- ¿Qué pasó con mi mama? Contesta Manuel confundido con la pregunta.
- ¿No comentases la primera vez que hablamos que estaba muerta? Bueno, no eso, sino dijiste algo como “que descanse en paz” o algo así.
- ¡Ah!...Si...
- Lo siento, no quise decir la palabra “muerta”...Perdón... ¿Fue fuerte?
- Bueno... que muerte es fácil. Esto me recuerda algo que ella me solía decir cuando yo no me esforzaba lo suficiente en algo. Me decía: “estas mas débil que la vida misma.”... Así que supongo que no hay nada más fuerte en la vida que la muerte. Y sí, fue difícil. A nadie le gusta ver sufrir a alguien que quiere.
- Cierto. Yo me puedo identificar con eso. Mami esta bien enferma.
- ¿Qué tiene?
- Tiene enfermedad renal terminal y cáncer. El tumor en la mama esta muriendo con la químio y radioterapia, pero los riñones no la ayudan. El Doctor dice que no funcionan. Ninguno de los dos. Estamos como tú, esperando...
- ¿Un transplante?
- Si.
- ¿Y tú no puedes hacer nada para acortar la espera?
- No... no soy compatible.
- Pero eres su hijo...
- Y ella mi madre, solo que no me creo, sino que hizo lo que realmente importa: me crió. Mi sangre es “O+” cuando la de ella es “0-”. Su tipo de sangre es clasificada como la “donante universal”, ya que le sirve a personas con los demás tipos sanguíneos, sin embargo ella solo puede recibir de otro “O-”. Que irónico nombre y que injusta la diferencia que puede hacer un signo con su opuesto, un negativo de un positivo...
- O un amor con su indiferencia...Al terminar de decir esto Manuel se acerco a Héctor. Lo miró y levemente lo besó.
Fue en ese momento cuando cumplí el deseo de Manuel. Fue un beso calido, mojado y bueno. En el poco tiempo que sus labios se unieron sintieron la misma sensación que experimentaron sus pulgares el día anterior. Algo estimulador y vicioso pero a la vez rápido y sutil. Era un torbellino de sensaciones nuevas para ambos. Manuel tenía vasta experiencia besando. Él creía haber conocido todas las maneras y tipos de beso hasta que se topó con la sorpresa de Héctor. Recibía tanto amor y desesperación de sus besos. Cada caricia nueva, era pura y llena de sentimiento.
Ese contacto de sus labios fue el preludio para una relación apasionada. Llena de mimos y carcajadas. Manuel hacía sus chistes sin gracia y Héctor se reía. Héctor hablaba con ignorancia y Manuel metafóricamente se meaba...de la risa. Pero eso no era suficiente para Manuel. Él cargaba un gran vacío adentro. Lo ocultaba tan bien que ni yo lo podía ver. Ese abismo era tan intrínseco a su esencia que lo obligaba a sucumbir a los más irrelevantes caprichos. Su lujuria era el canal de escape para llenar el bache emocional que lo abatía. Por eso se dejo tentar por manos y labios que no eran los de Héctor y él no resistió el engaño y se alejo de Manuel.
Era mucho para Héctor, no es sencillo aguantar la infidelidad de su amante y el romance de la muerte con su madre. Héctor lo quería, quizás hasta lo amaba, pero la tragedia que rodeaba a su madre no le dejaba tiempo para que la lujuria de Manuel descansara en él. En esos brazos de Héctor que eran el único refugio de Manuel para protegerse de su propia autodestrucción. Aquellos besos de Héctor que para Manuel era la salvación de toda la perdición que lo perseguía.
Y Manuel estuvo allí, en el hospital apoyando a Héctor a soportar la inminente muerte de su madre. Pero eso le recordaba el sufrimiento que la suya le brindaba sin estar viva en él. Si es infecciosamente largo el tiempo que la ignorancia le da a la mentira, más extenuante es el espacio que un mal recuerdo le regala al sufrimiento del cuerpo. Lo deja cansado, sin fuerzas, hasta que lo engaña y hace que la mente piense que esta muerto. Pero lo extraño es que aun respira. Aun el aire acomete contra las vías respiratorias de Manuel y Blanca. Despiertan sus células a una realidad imposible de tolerar. No es fácil vivir como ellos. Lo único seguro en esta débil vida es la fuerte muerte. Y cuando la anhelas y no llega hay que obligarla a venir.
Por eso Manuel decidió beberse toda esa botella de ron junto al frasco lleno de pastillas antidepresivas que había robado de la casa de Héctor, donde su madre Blanca las escondía en el botiquín detrás del espejo roto del baño. Por eso también Blanca intentó suicidarse buscando las mismas pastillas que Manuel se había robado. Y allí en aquel hospital trataban de resucitar el cuerpo inerte de Manuel mientras que unos pisos mas arriba, Blanca entraba en coma por frustración, inundando a Héctor en su mayor grado de desesperación. Dos cuerpos que antes respiraban muertos... ahora pueden descansar.
- Hora de muerte 12:15. Dice el Doctor.
- Doctor, en la licencia de conducir del paciente estaba la autorización para donar todos sus órganos. Y su tipo de sangre es O- Dijo la enfermera al Doctor.
- ¡Pues que espera! Prepare quirófano que hay una señora arriba que le urge un transplante de riñón.
En un cementerio no muy lejano del hospital un epitafio lee: "Así decía el hierro al imán: te odio porque me atraes sin que poseas fuerza suficiente para unirme a ti." Eso lo dijo Nietzsche y mi interpretación es que el hierro es la vida y el imán la muerte. Blanca obtuvo el riñón de Manuel sin que lo supiera Héctor...sin que lo supiera el propio Manuel.
Al su madre vencer el cáncer y pasar el periodo de posible rechazo de transplante, quiso saber la proveniencia del regalo que le salvó la vida. Al ella enterarse y decírselo a su hijo, fueron los dos a visitar la solitaria y reciente tumba de Manuel en el cementerio. Ahogados en lágrimas Héctor le dijo a su madre:
- Sabes... el pretexto que utilizó Manuel para conocerme, fue pedirme la hora y hacerme un cuento chino sobre una pestaña mía que se había caído. La agarró en su pulgar y presionándolo con el mío dijo que pidiera un deseo. Dijo que se le cumpliría a aquel que terminara con la pestaña en su dedo.
- ¿Quien se quedo con tu pestaña?
- Los dos.
- ¿Cual fue su deseo?
- No se.
- ¿Y el tuyo?
- ...(llorando y besándolo a través de la lápida)...Que se muriera por mi.
No me siento culpable de mis actos. Después de todo:
“Yo no entiendo de metáforas. No conozco principios o moral. Soy energía efusiva que fluye más rápido que el viento. Y no conozco final.”
Por: Un pedazo caído del alma de Héctor llamado Deseo.

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